“Ci vediamo presto”. Porta del Qué.
Que te venga a visitar un amigo es un arma de doble filo. En el fondo de los fondos es una putada, porque el mal sabor de boca de la despedida tarda en irse. Cuesta demasiado tiempo que se vaya la amargura del despido y ocupe su lugar la dulzura del recuerdo.
Estos últimos días hemos tenido el gusto de la visita de nuestro gran amigo Tommaso Danti.
Quiero recodar ahora, para hacer más llevadero este trago de “hasta luego”, el día que todo esto empezó. Estábamos en la barra del Isabelo; Ale, Tom y yo.Nos habíamos dado cita allí decididos a iniciar algo en conjunto, a buscar un espacio donde poder liberar las mentes y dar rienda suelta a nuestras inquietudes. Tiempo atrás nos conocimos los tres en el mismo estudio de arquitectura, en el que ellos aún seguían y del que yo me había despedido para incorporarme a otra empresa. Todos nos echábamos de menos, queríamos volver a vernos, volver a hablar, a reírnos, a beber, dibujar, imaginar,…a soñar.
En el mostrador del bar estaban las clásicas cazuelas de caracoles, oreja, morro, anchoas y longaniza. Pero también el “Qué” del día. La portada fue reveladora. Nos movimos a la mesa a por el obligado txuletón con el nombre (“Mad.e.in”); salimos cenados y con la clara intención de buscar un local. Una semana o diez días más tarde cerrábamos el trato y abríamos estudio en la Magdalena.
Tom entró ayer por la puerta del estudio de las Armas y parecía que nunca se había vuelto a Firenze. Se sentó tomó lápiz y papel, y empezó a rayar con esas manos temblorosas que tanto añoramos. Después de un rato, nos sentamos a su lado. Esos momentos del proyecto, de cualquier proyecto, son por los que vale la pena mi trabajo. Esa lluvia de ideas, de garabatos donde desde mentes diferentes se articula una idea común. Te echaremos en falta Tom. Decidas lo que decidas te encuentres dónde te encuentres, tu sitio, “nuestro tu sitio”, estará donde estemos.
J.




