Siempre digo que estar rodeado de tanto talento es algo emocionante, inquietante, es como un dulce para un diabético y servidor de ustedes es por naturaleza de “culo inquietable” (absténganse de chistes que hagan referencia a mi ano, no van por ahí los tiros).

Ha pasado más de un año desde que fuimos invitados a participar en Okuparte, el primer evento en el que expusimos como grupo multidisciplinar. Allí fue Ana Maorad la que me invitó a coger el pincel y probar eso de pintar, en un experimento de interrelacionar disciplinas in-situ.
¿Qué decir de Ana? quien no conozca su obra, se está perdiendo un prodigio. Su invitación tornó en emoción, la emoción me llevó a comprar el lienzo; pero la ilusión se aletargó, quedándose la tela un año enrollada junto demás zarrios en el taller de A54, hasta el lunes.
Tenía las ganas y tenía el soporte, pero ha tenido que pasar un año para decidirme por el qué y el cómo. Aunque en esa decisión, hay recursos compartidos:
Mikel sacó la fotografía y Alessandro me ilustró con posibles técnicas a emplear, sugiriéndome la tinta china para poder maniobrar los negros que pretendía. El porqué ahora y no antes? la respuesta la tiene Estefanía y su viaje relámpago a Jaén.
Tomé la fotografía. La reencuadré adaptando ese recorte a 100 x 70cm el tamaño del lienzo. Haciendo un “transfer” con acetona industrial, transferí (valga la redundancia), las zonas más oscuras de la impresión en b/n sobre el lienzo que previamente había pintado con spray de graffiti blanco, logrando una sombra azulada de esas zonas más negras en la tela. Estas me sirvieron de guía para luego trazar con un pincel de tinta china las partes que he querido explicar.
Aprovechando la base de pintura blanca, la disolución de tinta en la misma acetona me ha permitido dar un poco de volumen al conjunto e intentar anular la planeidad que le otorgaba la monocromía del negro.
El resultado podría haber sido mucho peor, pero también infinitamente mejor. Me quedo con esto último, conformarme?…jamás.

J.

Low-Cost : los pequeños cambios son poderosos.

Años atrás cuando mi TV residía en la C/ Jaume Huguet 23 de Valls, existía en mi día a día un personaje llamado “Capità Enciam”: “Capitán lechuga” en la lengua de Cervantes. Para más información del respetable, dicho personaje es el actor catalán que en la actualidad organiza Pirena.
La frase mítica que el pronunciaba era : “els petits canvis son poderosos”, que, y para hacer de nuevo los honores al respetable, equivale a lo dispuesto en el título de la presente entrada.
Siempre he creído en la necesidad de la desmitificación y la “socialización” de la figura y labor del arquitecto. Recuerdo las clases de Antonio Armesto : reveladoras. Los órreos, los cuencos, los tapices, el “primer arquitecto”…
Hoy en día se encuentra normal que por cortarse el pelo le soplen a uno 15€ por 15minutos de trabajo. Que un “catxi” a 6 euros sea barato. Que se paguen 2€ por un tubo de cerveza o un billete de bus urbano valga 1€. Y nosotros debemos justificarnos como lo hacemos por un trabajo cuya responsabilidad moral, social, es casi tan grande como la ya enorme responsabilidad civil.
Si yo afirmo que detrás de un proyecto de arquitectura de A54insitu, hay beneficios limpios de 4€/hora de trabajo, no me creerá ni dios. Y créanme, no es por mala gestión de nuestro tiempo, pero saben que?…menos me creerán si digo que con esos 4€ podemos ser felices.
A mi juicio, no se ha sabido explicar nunca la figura del arquitecto. Quizás no ha convenido hacerlo, o mejor dicho “les” habrá convenido hacerlo mal. La fama de ladrones y casi beneficiarios de la especulación está a la vuelta de la esquina. Los “Arquitectos” son “Fosteres” y “Bofilles”, “Moneos” y “Gherys”. Las “Arquitecturas” suntuosas obras de miles de millones de euros. “Fes fama y fote’t a jaure”….(eso no me sale de los pies traducirlo).
Vuelvo a nuestra felicidad. Vuelvo a mi necesidad….
Siempre he creido que la felicidad es el motor de la vida en conciencia. Si no siento, si no soy consciente de ello, no soy feliz. Sin felicidad soy incapaz de pensar, y… sabéis qué? cada vez me doy más cuenta que sin pensar no se es feliz.
Es un orgullo que alguien confíe en mi para de diseñarle su morada, y quizás es una locura cobrar por ello 1€/m²….quizás, pero es emocionante.
En este cócktail de emociones, la sombrilla la pone la tarde de este pasado lunes, la pone mi amigo Alessandro, la pone el Hemisferio, la pone una fotografía de Estefanía, la pone la suerte, pero también el criterio y el riesgo bien entendido. La pone una apuesta vital. La pone el trabajo en equipo y sobre todo la esperanza.
Nuestro “low-cost” está dando sus frutos, está generandonos ilusión y nos está brindando oportunidades.
Amigos, hasta la victoria….. siempre.
Soñar aún no cuesta dinero: a trabajar para cumplir nuestro sueño.

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