(Nota: Escribo con un teclado portugués, así que no puedo escribir letras como la N).

Siempre he creído que en las capitales abunda un cromosoma en sus habitantes, que no lo hay en el resto de ciudades. No sé si llamarlo el cromosoma del centralismo, pero es para mear y no hechar gota.

Recuerdo que en mis épocas mozas a los de Barcelona, los que vivíamos en Tarragona les sacábamos mil y un peros; quitaban letras a las plabras creando vocablos horripilantes: aigua pronuncian “aiga” o su ya clásica reacción al llegar a un sitio desconocido : “me lo imaginaba más grande”.

Ayer en Lisboa pude corroborar lo que es un hecho: los de Madrid, también lo tienen. Estábamos en un puesto callejero de venta de castanas. Una pareja delante nuestro : ella 60-62 él otro tanto. Ella pelo cardado color cahoba, él blanco con un corte própio de su seguro admirado Primo de Rivera y bigote a juego.
Al ver que estábamos hablando el mismo idioma empieza esa situación extrana, que solo se dá cuando uno está de viaje: dos desconocidos empiezan a hablar como si se conocieran de toda la vida, entre sonrisas y colegueo cuando paradójicamente el resto del ano seguro que no cruzan ni un buenos días con su vecino del cuarto metidos en su ascensor de 1×1.

Vuelvo a la escena castana.
Al oirnos ella se integra en la conversacion con un :
-Qué bonito es Lisboa, no? habíais estado alguna vez?
- Sí le contestamos.
(No dijo si era su primera vez, probablemente lo fuera)
-De dónde sois?
Diego contesta:
-De Zaragoza
Yo me abstuve.
Ella no dice de dónde es pero me lo huelo por el tono diría que “sobrado” de su forma de hablar y una iniciativa en la conversación que nos regala completamente monopolizada por ella misma.
Y vino “la frase” :
-Qué pinta tienen las castanas no? Tenéis castanas en Zaragoza?
(y ella misma se responde)
-Es que son muy de Madrid, las castanas son muy de Madrid.

Toma que es de goma.
Cágate lorito.

Dában ganas de decirle: Casta..qué? andaaaaaa, pues yo pensaban que eran caracoles !!! (dijo Diego)

Tengo la lijera intuición que si yo hubiera dicho que era Catalán,hubiera dicho que las suyas, las de Madrid tenbían no sé que toque de sabor que no tienen las de Barcelona, que las de los separatistas catalanes son de importación y que no consumimos producto “Nacional”, y que si un día me iba a Madrid, las probara y ya me daría cuenta que nuestra actitud como Espanoles que somos es una vergüenza. A su marido a esas alturas ya le habría sonado el móbil con la BSO del NO-DO y habría empezado una conversación con su primo Paco.
Todo eso hubiera sucedido y ella se habría ido como se fué sin saber que me la pelan sus castanas, y que efectivamente quedó, por hacerse la interesante como una puta ignorante.

J.

Desde hace unos años encuentro muy absurda la celebración del día del fin de año y el año nuevo. En esos días nada cambia sustancialmente y la fiesta (al menos por mi parte) es más “impuesta” que sentida.
Las sensaciones en verano son diferentes. El paro de 15 días en los “quehaceres” de todo el año efectivamente es un “break” que me induce a afirmar que, hoy, empieza el año.

El 13 de agosto partíamos hacia Italia.
El destino típico de las excursiones de fin de curso, del paso de B.U.P a C.O.U., del primer viaje largo en la soledad de las 16 primaveras, se presentaba ante nosotros 15 años después habiendo llovido torrenciales de por medio.
Y al preguntarnos dónde, no elegimos al azar. Desde hace 5 años, entre boceto y boceto, entre cerveza y cerveza, las conversaciones con Alessandro y Tommaso, siempre han contenido intercambios de fervientes deseos de visitar nuestras respectivas patrias: no veíamos la hora de catar los vinos del Marche, los pescados de las orillas de Senigallia, de embriagarnos con los sabores de los embutidos toscanos y la bistecca a la Fiorentina.

Visitar un país y hacerlo afincándote en casa de tus amigos ha sido inolvidable: indescriptible la hospitalidad de la familia Senigalliesa y el reencuentro en Firenze con Tommaso.
Grazie mille ragazzi, de todo corazón. Prometo poco a poco ir subiendo instantáneas del viaje. Irse de parranda, con 8 cámaras en los lomos da para mucho.
Un beso a todos.

J.

PD.
Para ilustrar este primer post, he escogido la última de las fotografías que tomé, concretamente en Venecia.

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