El Gancho, Zaragoza. Una mañana cualquiera.

Una afirmación casi a modo de “sentencia” sobre un concepto o una manera de hacer o entender las cosas, hace que te detengas en el camino. Que pares y reflexiones. De manera inmediata se aclaran pensamientos, estrategias y vías de actuación.

Ayer disfrutamos de la visita de Paula Pisa (Pisamoreno). Vino con uno de sus grupos de estudiantes para que les explicáramos qué es A54, qué hacemos y cómo entendemos nuestro trabajo. Estefanía estaba exponiendo su manera de ver la fotografía y el comercio de la misma. Hiló a la perfección la relación de ésta con la arquitectura y la decoración con la frase “tu casa tiene que hablar de ti”.

Lejos de ser una declaración de intenciones, su “senecada” es uno de los pilares de nuestra manera de hacer arquitectura, en definitiva, de abordar nuestro trabajo. Lo es por inercia, por vocación, por ser uno de los estandartes de la filosofía que nos amalgama. Lo es, pero nunca hemos reflexionado sobre ello. ¿Por qué eso que pensamos imprescindible, es algo habitualmente tan irrelevante?

Creo necesario saber valorar cada tendencia, cada “ismo” con criterio. Saber beber inteligentemente de cada pozo. Encasillarse en uno es, a mi modo de ver, un error de bulto, tan grande como lo es generar un estilo propio. El arquitecto en su “búsqueda personal”  (me refiero al estilo propio) tiene un condicionante que comparte con pocos artistas, y este es el factor utilización. Nosotros proyectamos espacios para usuarios, para personas. El peso del ego, de la diseñitis, de la pataleta de divo, tiene que equilibrarse muy mucho con el objeto de nuestra obra.  Combinar el criterio arquitectónico, la manera de entender y ver en el papel los espacios y la manera de construirlos tiene que casar perfectamente con la idiosincrasia, la personalidad y la utilización de estos por los usuarios de los mismos.

No podemos hacer vivir a la gente como nosotros (los arquitectos) queramos. Tenemos que darles el mejor espacio que podamos parir, para que vivan como quieran.

El espacio tiene que ser suyo. Tiene que ser propio. Tiene que ser único.

Reconozco el impulso que han dado las “grandes” marcas de mobiliario low-cost a una actualización (iba a decir modernización pero me callo) de la mirada general. Pero no deja de volver a suceder lo mismo. Las viviendas impersonales acaban convirtiéndose en catálogos a escala. La gente se pasea por las grandes superficies de venta de mobiliario como quien lo hace por el mercadona. Va allí para comprar café y salé con dos botes de lejía conejo.

¿El precio?….

Puede.

La facilidad.

Somos perezosos. Somos desconfiados. Abogamos por lo fácil. No pensamos. No valoramos el esfuerzo y el valor de interactuar con nuestro espacio, de ser creativos. Preferimos la inmediatez. Es la extinción de la tienda de la esquina.

El boom del ladrillo ha provocado la proliferación de modelos prácticamente calcados de viviendas. Despersonalizadas por completo. Pero esto no es el apocalipsis. Hay soluciones. Hay mecanismos. Hay luz en este camino. En A54insitu damos soluciones y lo hacemos a través del trato directo y milimetrado con el cliente y sus voluntades. Este es el pilar fundamental de nuestra manera de trabajar. Nuestra arquitectura tiene vocación de servicio. Nuestra, para ti.

J.

Nuestra historia con Mario (Giacomelli) empieza el día 15 de agosto del 2010.

Llegamos a Senigallia (Ancona, Italia) en coche desde Valls (Tarragona), después de hacer parada téncia/escala/noche en la zona de Emilia Romagna.

Senigallia es la ciudad natal del fotógrafo que nos ocupa hoy, y también lo es de mi amigo y socio el arquitecto Alessandro Degli Emili. Siempre había oído hablarle de Mario con pasión y admiración. En cualquier caso nunca me sonó su posicionamiento, al respecto de la valía del artista, a ese amor patrio, a la emoción que nos embarga a “los exiliados” cuando hablamos de nuestra tierra, nuestras costrumbres, o nuestros pasianos célebres. No me sonó parcial nunca su discurso pues Alessandro, un tipo leído, un arquitecto artesano, de cabeza dura como buen italiano no es de esos, es un tipo objetivo; de sangre caliente, pero objetivo.

La estancia en su casa de Senigallia fue inolvidable. Acogidos como en la propia, gozamos del mar, de su “ferragosto”, degustamos platos exquisitos en familia, ese fantástico Amaro Pescatore, un vino casero inacabable, e incluso una “acqua vite” ex-proceso. Excelente.

El día 16, cumplía yo 34 años. Mi regalo por parte de Ale fue un monográfico de Mario Giacomelli. Igual habré revisado el libreto más de 50 veces, y cada vez descubres algo escondido, entre las apasionadas lecturas que uno puede volcar sobre la soberbia manera de mirar del amigo “Giaco”.

Un fotógrafo de talento incontestable que por proximidad hemos hecho muy nuestro, y que era, tras la experiencia con Lartigue, parada obligada en nuestro afán de conocimiento y pública admiración (a través de estas nuestras interpretaciones) de estos maestros universales.

COVER por Estefanía Abad, fotógrafa

Mario Giacomelli

Estefanía, escoge la serie Paseaggi, singular representación que Mario Giacomelli hace de la colina senigalliesa, a vista de pájaro, convirtiendo los campos en texturas y las fotografías en lienzos, casi más propios de un pintor que de un fotógrafo. Estefanía traduce la interpretación el neo-realismo que M.G. hacía en los ’50 en una fotografía de producto, una fotografía realizada a una col lombarda en una mesa de bodegones, el campo, las lineas, la vista de pájaro…

Cover 1. Estefanía Abad

COVER por Jordi Ulldemolins, Arquitecto.

Mario Giacomelli

 

Cover 2. Jordi Ulldemolins – “Cenizas”.

Por mi parte, decido enfocar mi trabajo en buscar esos contrastes rabiosos y forzar un severo contraluz; emular esa deliberada imprecisión y ese quemado característico. También la manera que Giacomelli tiene de dibujar las emociones y de poner en jaque la vida misma  “por qué la naturaleza vuelve siempre a la vida y el hombre no” me entusiasma.  Decido utilizar la misma naturaleza a modo de ceniza esparcida al viento, para aglutinar en un disparo mi particular homenaje a tan vasto genio.

J.

 

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